El venerado Templo Shaolin, símbolo histórico del budismo chino y reconocido mundialmente por su conexión con las artes marciales, se encuentra en el centro de una controversia que sacude su reputación. Las autoridades chinas han iniciado una investigación oficial sobre Shi Yongxin, el abad del templo, debido a presuntas irregularidades en el manejo de fondos y cuestionamientos sobre su conducta personal.
Shi Yongxin, de 58 años, ha estado al frente del Templo Shaolin desde 1999 y ha sido pieza clave en su transformación hacia una institución moderna con trascendencia internacional. Durante su liderazgo, el monasterio ubicado en la provincia de Henan ha experimentado un auge turístico y ha expandido sus actividades culturales y comerciales, incluyendo escuelas, centros de entrenamiento en el extranjero y presencia en plataformas digitales. No obstante, esa visibilidad también ha generado críticas de sectores que consideran que se ha desviado de sus raíces espirituales.
La investigación contra Shi fue confirmada por la Administración Estatal de Asuntos Religiosos, que en un comunicado indicó que se examinan denuncias relacionadas con la administración financiera del templo, así como posibles faltas a las normas morales que se espera de un líder budista. Entre los señalamientos más serios estarían presuntas malversaciones, el uso indebido de fondos destinados a la conservación del templo y reportes sobre una vida personal que contraviene los votos monásticos del budismo.
Las acusaciones comenzaron a circular de manera más intensa tras la publicación de una carta anónima en línea en la que se le acusaba de mantener relaciones sentimentales y de acumular propiedades privadas, lo cual viola los principios del celibato y desapego material del budismo. Aunque en un principio el templo negó las aseveraciones y calificó la carta como un ataque calumnioso, la presión mediática y del público llevó a las autoridades a proceder con una pesquisa formal.
Este escándalo ha tenido un fuerte impacto tanto dentro como fuera de China. A nivel nacional, ha reavivado el debate sobre la comercialización de las instituciones religiosas en el país, especialmente en un contexto donde muchas de estas han logrado gran rentabilidad mediante el turismo espiritual y la venta de productos culturales. Grupos budistas conservadores han expresado su rechazo por lo que consideran una “profanación” de la tradición y han pedido mayor control sobre los líderes religiosos.
A nivel internacional, el caso pone en entredicho la imagen de Shaolin como un símbolo de equilibrio espiritual y disciplina moral. El templo, fundado en el siglo V, ha gozado de admiración global no solo por su valor histórico, sino también por popularizar el kung-fu y ser un referente de paz interior. La figura del «monje guerrero» ha sido ampliamente promovida en películas, documentales y eventos culturales, muchos de los cuales han sido respaldados por Shi Yongxin.
Mientras avanza la investigación, aún no se ha anunciado si Shi Yongxin será suspendido de sus funciones. Autoridades religiosas han indicado que actuarán conforme a los resultados de la indagación y que se garantizará la transparencia del proceso. Por ahora, la calma que suele reinar en los pasillos del milenario templo ha cedido al murmullo de la incertidumbre sobre su futuro liderazgo y el posible desenlace de una saga que tiene en vilo a fieles y observadores por igual.