San José — El impulso que experimentaba el sector de energía limpia en Estados Unidos atraviesa momentos difíciles tras un cambio significativo en la política fiscal impulsada por el expresidente Donald Trump. La revisión de los créditos fiscales federales podría poner en riesgo inversiones cercanas a los $373 mil millones, según analistas de la industria.
Varias empresas internacionales ya están reaccionando con cautela ante la nueva realidad: la fabricante de paneles solares Bila Solar, con sede en Singapur, suspendió sus planes de duplicar la capacidad de su nueva planta en Indianápolis. La canadiense Heliene, que contemplaba abrir una instalación para la fabricación de celdas solares en Minnesota, indicó que está revisando su estrategia. NorSun, una firma noruega de obleas solares, evalúa si continuará con su proyecto de construcción de una fábrica en Tulsa, Oklahoma.
Los nuevos lineamientos en los créditos fiscales dificultan que muchos proyectos califiquen para los incentivos federales, lo que podría desalentar la inversión tanto nacional como extranjera en el sector de energía renovable. Expertos en políticas energéticas indican que estas medidas podrían frenar el avance de iniciativas clave en la transición hacia fuentes limpias de energía dentro del país norteamericano.
Los efectos no se limitan a la energía solar. Dos granjas eólicas en alta mar que ya contaban con la aprobación en el noreste de Estados Unidos podrían nunca ser construidas, alertan fuentes del sector. Estos desarrollos eran considerados fundamentales para cumplir las metas de descarbonización a mediano plazo.
El giro de políticas contrasta radicalmente con el marco establecido por la Ley de Reducción de la Inflación, aprobada en 2022 durante la administración de Joe Biden. Esa ley proponía un robusto plan de incentivos fiscales para consolidar las cadenas de suministro de energía limpia dentro de Estados Unidos, atrayendo manufactura y desarrollo tecnológico. No obstante, las nuevas reglas introducidas por la administración Trump podrían vaciar de contenido estos beneficios.
Los fabricantes de equipos solares han expresado su preocupación de que, sin incentivos sostenidos, la demanda para productos fabricados en Estados Unidos se desplome frente a opciones importadas más baratas. Esto afectaría los esfuerzos de reindustrialización verde que el país había comenzado a consolidar.
Aunque el impacto directo para Costa Rica podría parecer limitado, expertos nacionales en energía señalan que una contracción del mercado estadounidense podría influir en la competitividad global de tecnologías limpias. “Estados Unidos es un actor clave en el ecosistema mundial de energías renovables, y sus decisiones pueden tener efecto dominó en las cadenas de suministro y precios internacionales”, comentó Adrián Monge, analista del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE).
La situación resalta los desafíos que enfrentan los países al intentar equilibrar políticas internas y compromisos internacionales en la lucha contra el cambio climático. Mientras varios sectores abogan por una estrategia energética coherente y de largo plazo, las señales desde Estados Unidos introducen un nivel adicional de incertidumbre en el futuro de la energía limpia.

