Pugna narco en Cartago desata ola de hechos de sangre en el cantón central
La reciente racha de violencia en la provincia de Cartago, concentrada en el cantón central, encendió las alarmas de las autoridades judiciales y policiales. El OIJ reconoce que en las últimas horas se han registrado varios hechos de sangre, incluido el ataque dentro de un gimnasio, que evidencian una disputa abierta por control de territorios entre distintos grupos criminales. Cartago, tradicionalmente ajena a altos niveles de homicidios, enfrenta ahora un escenario propio de cantones más golpeados por el narcotráfico.
Violencia en Cartago: una provincia tranquila que entra en disputa territorial
Según el análisis preliminar del OIJ, el repunte de violencia en Cartago obedece a una fuerte pugna por territorios entre varias estructuras ligadas al tráfico de drogas. Los focos principales se ubican en el cantón central y en el sector de La Unión, donde distintos grupos intentan consolidar puntos de venta y control de barrios. Este choque de intereses del crimen organizado ha derivado en balaceras en vía pública y ataques directos contra objetivos específicos.
Las autoridades subrayan que Cartago no había presentado, históricamente, problemas significativos de violencia asociados a estas estructuras, al menos no al nivel que se observa en las últimas semanas. El cambio de patrón preocupa porque rompe con la imagen de provincia relativamente tranquila y traslada dinámicas propias de otras zonas más castigadas del país. Ante este giro, el OIJ y la Fuerza Pública aseguran que han reforzado el trabajo conjunto para intentar desacelerar la escalada.
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Hecho en gimnasio revela brutalidad y desprecio por la vida humana
Uno de los episodios más recientes y simbólicos de esta ola de violencia ocurrió dentro de un gimnasio en el cantón central de Cartago. El ataque, descrito por las autoridades como una muestra clara de que las estructuras criminales no tienen respeto por la vida humana ni por terceras personas, puso en riesgo a clientes que se encontraban haciendo ejercicio en el lugar. Por la inexperiencia o torpeza del gatillero, el riesgo de víctimas colaterales fue altísimo.
El OIJ advierte que esta modalidad no es aislada: en otros casos recientes, sujetos han disparado indiscriminadamente en la vía pública, en calles donde circulan personas ajenas a los conflictos entre bandas. La combinación de armas acondicionadas para hacer múltiples disparos en una sola acción y gatilleros con poco entrenamiento incrementa el potencial letal de esta violencia, elevando el riesgo para la población que simplemente está en el lugar y momento equivocados.
Violencia armada y respuesta policial: golpes a estructuras y tareas pendientes
Frente a este repunte de violencia, el OIJ insiste en que “no se ha quedado de brazos cruzados” y que se han venido ejecutando operaciones para detener a personas vinculadas con estructuras criminales. Estas acciones incluyen allanamientos, capturas de sospechosos y decomisos de armas de alto poder, en coordinación con la Fuerza Pública y policías municipales. El objetivo inmediato es desarticular células operativas y enviar una señal de capacidad de respuesta en el territorio.
No obstante, las propias autoridades reconocen que la respuesta policial, por sí sola, no basta para revertir la dinámica de violencia si no se acompaña de decisiones estructurales y judiciales firmes. La facilidad con que algunos detenidos recuperan la libertad, la circulación de armas modificadas y la presión de los mercados de droga en barrios vulnerables son factores que alimentan la reincidencia. En ese terreno, también será clave que el sistema político deje de postergar reformas legales que las fuerzas de seguridad vienen reclamando desde hace años.
Cartago ante un punto de quiebre: investigación, prevención y política criminal
El diagnóstico del OIJ apunta a que Cartago se encuentra en un punto de quiebre: o la provincia refuerza sus mecanismos de contención y prevención, o corre el riesgo de normalizar niveles de violencia que hasta ahora eran excepcionales. Esto implica profundizar investigaciones para mapear con claridad las estructuras en disputa, sus liderazgos y sus fuentes de financiamiento, pero también avanzar en políticas de prevención social que reduzcan el reclutamiento de jóvenes por parte de estas bandas.
Mientras tanto, la ciudadanía observa con preocupación cómo hechos que antes parecían lejanos —balaceras, ejecuciones a plena luz del día, ataques en comercios— empiezan a aparecer en su entorno inmediato. La forma en que el gobierno articule a sus instituciones y la manera en que la oposición asuma o no una postura responsable frente a las reformas pendientes será determinante para contener esta violencia antes de que se arraigue.
Con información para STAY TV.

