Con tres nidos artificiales más, el Pacífico costarricense refuerza una estrategia que cuadruplicó su población de lapas.

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Nidos artificiales para lapas rojas: tres nuevas estructuras a más de 20 metros buscan asegurar el primer vuelo de los pichones en Costa Rica.

Nidos artificiales para lapas rojas: tres nuevas estructuras a más de 20 metros buscan asegurar el primer vuelo de los pichones

La instalación de tres nuevos nidos artificiales para lapas rojas en Costa Rica se realizó a una altura superior a los 20 metros, un requisito que los especialistas consideran determinante para la supervivencia de los pichones en sus primeros segundos de vuelo. Las estructuras ya están siendo visitadas por parejas de aves, según confirmó el equipo a cargo del proyecto.

La altura no es un detalle estético. Si un nido se coloca por debajo de los 15 metros, el pichón que intenta su primer vuelo no encuentra suficientes corrientes ascendentes de aire caliente y termina cayendo al suelo. Por encima de los 20 o 25 metros, esas corrientes sostienen el vuelo inicial y le dan al ave la oportunidad de planear.

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Nidos artificiales: la altura que separa el vuelo de la caída

El principio biológico es simple y condiciona todo el diseño del programa. Los pichones de lapa roja abandonan el nido antes de completar su desarrollo motor. No saltan con la fuerza de un adulto: se dejan llevar por el aire. Las corrientes térmicas que ascienden desde el suelo caliente del bosque son las que amortiguan ese primer trayecto.

Por eso, cuando la estructura se instala a una altura insuficiente, el pichón cae directamente al suelo, donde queda expuesto a depredadores y a lesiones. La diferencia entre un nido a 12 metros y otro a 22 metros puede ser, literalmente, la diferencia entre un vuelo y un cadáver.

La altura del nido y el destino del pichón

Umbrales descritos por los especialistas del proyecto

Menos de 15 metros

Riesgo alto

El pichón no encuentra corrientes ascendentes suficientes y cae al suelo.

Más de 20–25 metros

Recomendado

Las corrientes térmicas sostienen el primer vuelo del pichón.

Fuente: Transcripción de la entrevista con el equipo del proyecto de nidos artificiales, noviembre de 2026.

El material vegetal que evita una displasia incapacitante

Dentro de cada nido artificial se coloca un material vegetal que funciona como fondo y como superficie de apoyo. Ese sustrato no es decorativo: cumple una función ortopédica. Los pichones necesitan que sus patas se mantengan juntas durante el crecimiento. Si la superficie es demasiado lisa o inestable, las patas se abren y el ave desarrolla una condición conocida como esplaylet, una displasia de cadera que le impide moverse con normalidad.

El material vegetal elegido imita el fondo de una cavidad natural. Proporciona tracción, permite que las patas se apoyen en una posición correcta y reduce el riesgo de malformaciones. Es un detalle que no aparece en las fotografías del nido terminado, pero que condiciona la salud futura de cada pichón.

Las parejas ya visitan los nidos artificiales

El indicador más inmediato de éxito es el comportamiento de las aves. El equipo confirmó que las parejas de lapas rojas ya están visitando los tres nidos recién instalados. No se trata de una ocupación definitiva, pero sí de una señal de que las estructuras fueron aceptadas como parte del paisaje.

La elección del árbol tampoco es arbitraria. Los especialistas no imponen el sitio: observan dónde las lapas ya llegan a inspeccionar cavidades. Cuando un árbol se convierte en candidato recurrente, se instala allí el nido artificial. El comportamiento de las aves guía la decisión técnica, no al revés.

Crecimiento poblacional de lapas rojas en el Pacífico Central

Evolución documentada por el programa de conservación (número de aves)

Línea base

215

Actualidad

≈800

Fuente: Programa de Conservación de la Lapa Roja en el Pacífico Central, citado por medios costarricenses en octubre de 2026. La cifra actual representa un crecimiento de aproximadamente 3,7 veces respecto a la línea base.

El contexto del programa más amplio ayuda a dimensionar el esfuerzo. En el Pacífico Central, la población de lapas rojas pasó de 215 aves a cerca de 800, un crecimiento que los responsables del proyecto atribuyen a décadas de trabajo continuo con nidos artificiales, protección de árboles y educación ambiental. Los tres nuevos nidos se suman a una red que ya supera la decena de estructuras activas.

Lo que los datos permiten afirmar y lo que no

La instalación de los nidos y la visita de las parejas son hechos documentados. Lo que aún no puede afirmarse es cuántos pichones nacerán de estas estructuras ni cuántos completarán el primer vuelo. La tasa de éxito reproductivo de la lapa roja en vida libre es variable: estudios previos en el país han reportado que menos de la mitad de los huevos logra completar el ciclo.

Los nidos artificiales no eliminan los depredadores, la competencia por cavidades ni la escasez de alimento. Lo que hacen es ampliar la oferta de sitios seguros en un bosque donde las cavidades naturales escasean. La altura adecuada y el sustrato vegetal mejoran las probabilidades, pero no garantizan el resultado. El seguimiento de las próximas temporadas dirá si estos tres nidos se traducen en vuelos o solo en visitas.

Con información para STAY TV: STAY TV

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Diego Molina
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