Descubren ecosistema hadal impulsado por gases y microbios productores de metano

By Ryan
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Un equipo de investigadores marinos reportó el hallazgo de un ecosistema hasta ahora desconocido en las zonas abisales, sustentado por gases que emergen de fracturas en el lecho marino. La expedición, que operó un sumergible de gran profundidad en las fosas situadas entre Rusia y Alaska, detectó comunidades de organismos y microbios metanógenos a profundidades de entre 5.800 y 9.500 metros, en lo que se conoce como la zona hadal.

La geobióloga Mengran Du, una de las científicas a bordo, dijo que cuando le quedaban apenas treinta minutos de misión decidió explorar un último tramo de las trincheras y encontró lo que describió como ‘criaturas asombrosas’. Entre los organismos registrados aparecen distintas especies de almejas y gusanos tubícolas que nunca antes se habían documentado a esas profundidades, así como densas colonias de microbios que producen metano.

Los investigadores señalan que estas comunidades no dependen de la luz solar, sino de procesos quimiosintéticos: bacterias y arqueas que obtienen energía a partir de compuestos químicos, en este caso gases que escapan por fracturas del lecho marino. Las mediciones geofísicas y los análisis de muestras recogidas por el sumergible indican concentraciones significativas de hidrocarburos y condiciones químicas que permiten la proliferación de los metabolizadores de metano.

El descubrimiento plantea varias preguntas sobre la extensión y la función de estos sistemas en el ciclo global del carbono. Ecosistemas quimiosintéticos conocidos, como las comunidades alrededor de respiraderos hidrotermales o filtraciones frías, han demostrado tener un papel clave en el reciclado de químicos y en sostener biodiversidad única. Sin embargo, encontrar análogos en la zona hadal amplía la franja de hábitats extremos donde la vida puede prosperar y sugiere que los procesos geológicos profundos podrían estar vinculados de manera más compleja al balance de gases de efecto invernadero de lo que se suponía.

Los científicos explicaron que además de la observación directa se tomaron muestras de sedimento y tejidos, y se efectuaron análisis gequímicos que confirmaron la actividad metanogénica y la presencia de compuestos reductores adecuados para la quimiosíntesis. Las imágenes registradas por el sumergible muestran mantos bacterianos y asociaciones de invertebrados que parecen depender de las emisiones gaseosas locales.

Las implicaciones son múltiples: para la biología marina, porque se amplía el mapa de biodiversidad en zonas profundas; para la geociencia, porque se pone de relieve la dinámica de fluidos en fallas y fracturas abisales; y para la conservación, porque estos ecosistemas podrían ser vulnerables frente a la apertura de actividades extractivas en aguas profundas. Los autores del estudio piden más campañas de exploración y monitoreo en zonas hadales para comprender la distribución de estos hábitats y su respuesta a cambios ambientales.

El hallazgo también despierta interés por posibles aplicaciones biotecnológicas y por la necesidad de evaluar cómo la emisión natural de metano desde grandes profundidades interactúa con la columna de agua y la atmósfera. Los equipos involucrados ya planean nuevas inmersiones y análisis genómicos para caracterizar mejor las especies y los procesos metabólicos que sostienen esta sorprendente comunidad en la oscuridad del océano profundo.

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