En las lomas de Nantou, la mayor zona productora de té en Taiwán, hay un espectáculo que más de uno describiría como mágico: una bruma de pequeños insectos verdes que salta de hoja en hoja. Para muchos agricultores eso sería motivo de alarma; para Lee Ming-cheng, productor de tercera generación, es señal de que viene una buena cosecha de Gui Fei Oolong, también llamado Honey Flavor Dong Ding.
Ese fenómeno, conocido localmente como la «niebla de insectos verdes», está ligado a la presencia de jassidos (Jacobiasca formosana). Al alimentarse, estos organismos inducen en la planta una respuesta bioquímica que puede intensificar notas florales y de miel en las hojas. El resultado, tras la recolección y el procesamiento tradicional de oolong semi-oxidado, es una taza con recuerdos a miel, fruta blanca y un final redondo y perfumado. Para un periodista de viajes aficionado a la buena infusión, es de esos hallazgos que hacen agua la boca y que merecen la ruta.
Dónde probarlo: la experiencia auténtica se vive en el propio Dong Ding, en el poblado de Lugu, distrito de Nantou. Allí las fincas abiertas al turismo ofrecen degustaciones comparativas: oolong estándar versus Gui Fei afectado por jassidos. También en Taipei hay casas de té que importan lotes selectos de Dong Ding y montan catas guiadas y pequeñas ceremonias tradicionales. Si andás por la isla, buscá productores que expliquen la trazabilidad de la hoja y ofrezcan una cata en tres pasos: oler la hoja, infusionar y evaluar la infusión.
Mejor época: la presencia de los insectos suele variar según el clima, pero la cosecha que trae esas notas de miel normalmente se recoge en verano y principios de otoño. Los agricultores veteranos celebran cuando la «niebla verde» aparece: es garantía de carácter aromático.
Consejos prácticos para el viajero: reserva una visita a finca con antelación, llevate ropa cómoda y protector solar —las terrazas de té están al sol— y pedí una cata guiada para entender el proceso de oxidación y tostado que define al Dong Ding. No te quedés solo con una taza: pedí comparativas y anotá tus impresiones. Y como decimos en Costa Rica, pura vida: disfrutá el momento y conversá con los productores; suelen tener historias y recetas caseras que acompañan la experiencia.
Para quienes buscan probar este raro oolong sin viajar, buscá tiendas especializadas en té de Taiwán que certifiquen origen Nantou o Dong Ding. Pero la verdadera joya está en la colina, con el sol pegando y la brisa cargada de aroma: ahí entendés por qué un bocado de insecto puede transformarse en una infusión de miel.