El protocolo de Trump en Windsor incluyó carroza real, banquete y símbolos monárquicos que reforzaron la relación bilateral entre EE. UU. y el Reino Unido.
La pompa real en Windsor
El presidente Donald Trump fue objeto de un recibimiento de Estado en Windsor. La jornada estuvo cargada de protocolo y símbolos monárquicos.
La comitiva usó la carroza de la reina Victoria. Los soldados montados lucieron uniformes con dorados. Por ejemplo, los gaiteros y las guardias con osos en el tocado llamaron la atención.
Ceremonia y banquete
Trump llegó a Windsor Castle escoltado por la guardia real. La escena evocó imágenes de gran ceremonial. Además, hubo un banquete de etiqueta y traje blanco.
Durante la cena, Trump se sentó entre el rey Carlos III y la princesa de Gales, Catalina. Fue una imagen cuidadosamente preparada por ambas cortes.
La ostentación pareció gustarle al mandatario. Él disfruta la atención y la pompa. Sin embargo, la visita también genera cuestionamientos dentro y fuera del Reino Unido.

Implicaciones diplomáticas
El protocolo refuerza la relación bilateral entre el Reino Unido y Estados Unidos. En consecuencia, el acto busca proyectar unidad entre los dos países.
No obstante, la ceremonia puede tener doble lectura. Para algunos, es una muestra de respeto y tradición. Para otros, resulta una exageración que distrae de asuntos políticos.
Analistas señalan que la visita ayuda a afianzar vínculos comerciales y de seguridad. Por lo tanto, además de la puesta en escena, hay negociaciones en segundo plano.
Reacciones y contexto
En Londres hubo reacciones mixtas. Algunos ciudadanos aplaudieron el evento. Otros protestaron por motivos políticos y sociales.
En Estados Unidos también hay opiniones divididas. Parte del público valora la solemnidad. Sin embargo, hay críticas por el protagonismo y la retórica del presidente.
Finalmente, la jornada en Windsor dejó imágenes potentes. La corona y la pompa fueron el marco perfecto para una visita cuidadosamente coreografiada. En suma, la ceremonia reafirmó la fascinación de Trump por la pompa y el protocolo, y reabrió debates sobre la diplomacia moderna.

