iLady dice:
El cambio climático ya no es una noticia lejana, sino una realidad que se vive cada día con más intensidad. Mientras la Tierra sigue experimentando un «calentamiento febril» y los fenómenos extremos se multiplican, es posible comenzar a cambiar desde la rutina diaria. Elegir ingredientes locales, de temporada y mínimamente procesados no solo reduce la huella de carbono, también eleva tu bienestar. Comer bajo en carbono no es solo un acto de amor hacia el planeta, es también un estilo de vida sereno y consciente.
En los últimos años, con la creciente conciencia ambiental, nos hemos vuelto más sensibles a cómo el efecto invernadero impacta al planeta. Con el afán de promover energías limpias y sostenibilidad ecológica, cada 22 de abril celebramos el Día de la Tierra. Pero, ¿y los otros 364 días? Además de cargar tus propios utensilios reutilizables o preferir el transporte público, ¿qué más podemos hacer por nuestro hogar planetario?
¿Qué le sucede a la Tierra?
Desde el siglo XX, los científicos han alertado del deterioro progresivo del efecto invernadero. Según el informe climático de marzo de 2023, la temperatura media global continúa en ascenso. Este fenómeno está estrechamente vinculado con las emisiones de gases como el dióxido de carbono y el metano, resultado directo de diversas actividades humanas. Estas sustancias actúan como un suéter térmico que atrapa el calor que debería disiparse en el espacio, provocando un sobrecalentamiento constante del planeta. Imagina a la Tierra con fiebre, vestida de abrigo grueso, sin poder enfriarse… de ahí nacen olas de calor, sequías, incendios forestales, inundaciones, tormentas de nieve: un caos climático a escala global.
¿De dónde provienen los gases contaminantes?
Algunos de estos gases se generan naturalmente, pero otros son producto de nuestras acciones. El dióxido de carbono, por ejemplo, además de producirse durante la fotosíntesis de las plantas, se libera al quemar combustibles fósiles. El metano, en cambio, proviene del uso de carbón, gas natural y la ganadería de animales rumiantes como vacas y ovejas.
¿Cómo enfrentamos este desbalance climático?
Quizás has oído hablar de quienes se tiñen el cabello de verde para simbolizar su conexión con la naturaleza, o quienes venden su auto para desplazarse exclusivamente a pie o en bicicleta. Pero proteger el medio ambiente no requiere actos extremos. Para ayudar al planeta a quitarse ese “suéter grueso”, basta con seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y adoptar un estilo de alimentación más sostenible.
¿Qué es una dieta sostenible? En esencia, es optar por alimentos que beneficien tanto al planeta como a nuestra salud, reduciendo aquellos que lo perjudican. También se le conoce como dieta baja en carbono. Ojo, el “carbono” aquí se refiere a las emisiones que queremos disminuir. Su objetivo es garantizar un desarrollo ambiental, social y de salud equilibrado: protege el entorno, nutre el cuerpo y cuida el alma.
¿Cómo implementar una alimentación baja en carbono?
1. Aumentá tu consumo de vegetales:
Estudios del Ministerio de Salud revelan que la mayoría de la población no consume fibras suficientes, provocando estreñimiento y otros desequilibrios nutricionales. Por eso, se recomienda incluir al menos tres porciones de verduras al día (una porción = media taza cocida). Los vegetales están llenos de vitaminas, minerales y fibra dietética, que fortalecen el sistema inmunológico, activan el funcionamiento intestinal, reducen el riesgo de estreñimiento y, además, generan saciedad, ayudando a controlar la ingesta calórica. Como beneficio adicional, su fibra soluble ayuda a eliminar la bilis y con ello el colesterol, mejorando el perfil lipídico.
Siempre que puedas, elegí frutas y verduras locales y de temporada. Su cultivo requiere menos pesticidas y fertilizantes, y evitás los procesos de refrigeración o transformación. Además, los productos que viajan largas distancias generan más emisiones por transporte y a menudo contienen conservantes poco saludables.
2. Elegí proteínas con menor impacto de carbono:
-Orden recomendado de proteínas: leguminosas > huevos > pollo > pescado > carne de res
-La carne de res es la más contaminante dentro de las proteínas. Un estudio demostró que consumir una hamburguesa doble de carne de vacuno a la semana durante un año genera la misma huella de carbono que viajar de ida y vuelta entre San Salvador y Ciudad de México en avión. Reemplazar carnes rojas como res o cordero por leguminosas o pollo no solo disminuye gases de efecto invernadero, también mejora los niveles de grasa en sangre. ¿Un tip delicioso? Cambiá la hamburguesa de doble carne por una suculenta de pollo a la plancha… ¡te encantará!

3. Procesado mínimo, estilo de vida máximo:
-Evitar alimentos ultraprocesados protege tus riñones, hígado y al medioambiente. Muchos de estos productos —como embutidos, frutas secas con azúcar, encurtidos o vegetales salados— están llenos de conservantes y sodio.
-Los alimentos integrales y naturales ofrecen nutrientes completos, sin los excesos de sal o azúcares añadidos comunes en los productos industrializados.
-Consumir demasiada sal o azúcar puede forzar el trabajo de los riñones e hígado, aumentando riesgos de enfermedades como diabetes, hipertensión, infartos, derrames y fallo renal.
-Según autoridades sanitarias, se recomienda limitar el sodio diario a 2,400 mg, lo que equivale a 1 cucharadita de sal, 2 y 2/5 cucharadas de soya, 6 cucharaditas de condimentos, o 15 de kétchup.
-Evitá embutidos como jamón o salchichas, ya que contienen nitritos para conservar color y evitar bacterias. Aunque los nitritos por sí solos no son cancerígenos, al calentarse pueden convertirse en nitrosaminas, compuestos con probado riesgo cancerígeno.
-A la hora de comprar, apostá por empaques simples o minimalistas (tipo estilo Pinterest o Muji), que reducen el volumen de desechos desde su origen.
4. Energía consciente y cero desperdicio:
-Al moverte, priorizá: caminar > transporte público > manejar > volar.
-Comprá alimentos en cantidades justas, evitando el exceso que termina en la basura.
En resumen, una dieta sostenible no solo beneficia al planeta, también te transforma por dentro. Te sentirás con más vitalidad, lucidez y alegría. Incluso podés compartir recetas y experiencias con amigos y familia, fortaleciendo los lazos y el diálogo. No esperés más: incorporate hoy mismo a esta revolución nutritiva. Actuemos unidos para que nuestro mundo sea más saludable, armonioso y lleno de vida. No esperemos a que se tale el último árbol, se contamine el último río o se pesque el último pez, para entender que el dinero no alimenta. ¡Urge proteger nuestro hogar!
Artículo reproducido de cofit. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.
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