Lo que revela el oleaje extremo sobre la fragilidad de la costa Caribe

8 Min Read
Oleaje fuerte golpeando la costa

El reciente evento de oleaje extremo en el Caribe costarricense dejó al descubierto, una vez más, la vulnerabilidad de
nuestras playas y de la infraestructura construida demasiado cerca del mar. En sitios como la carretera de acceso a
Puerto Viejo (Playa Negra) y el equipamiento turístico en Manzanillo se registró un retiro significativo de arena y
daños directos a estructuras. Según la Universidad Nacional, estos episodios están asociados a oleajes severos ligados
al último empuje frío, un patrón que podría repetirse en los próximos días y que obliga a extremar la precaución.

El investigador Gustavo Barrantes, de la Escuela de Ciencias Geográficas de la UNA, advirtió que no se trata de un
fenómeno aislado, sino de un síntoma de procesos de erosión costera que se irán intensificando con el aumento del nivel
del mar y la variabilidad climática. A ello se suma la mala planificación urbana en muchas zonas del litoral, donde
durante décadas se ha permitido construir al filo de la playa sin respetar la dinámica natural del oleaje y de las
marejadas. El resultado es una combinación peligrosa: más eventos extremos, menos playa y más infraestructura en riesgo.

Recurso externo: Ver video completo en YouTube

 

Oleaje extremo y erosión: daños en Puerto Viejo y Manzanillo

El último evento de oleaje severo ha provocado un retiro notable de arena en varias playas caribeñas, con afectación
directa a caminos, edificaciones y comercios turísticos. Entre los puntos más golpeados se encuentran la carretera de
acceso a Puerto Viejo, a la altura de Playa Negra, y las zonas de equipamiento turístico en Manzanillo, donde algunas
estructuras resultaron dañadas o quedaron peligrosamente cerca del rompiente. Estas pérdidas no solo afectan el paisaje
y la recreación, sino también la conectividad y la actividad económica local.

Barrantes explica que estas condiciones están vinculadas a oleajes extremos generados por el reciente empuje frío que
afectó al país, y advierte que podrían repetirse durante el fin de semana. Por eso recomienda máxima precaución a
turistas, pescadores y personas que realizan actividades recreativas en la costa, en particular en sectores donde el
oleaje impacta de lleno sobre taludes, carreteras o construcciones levantadas casi sobre la línea de marea. El llamado
es a respetar las alertas oficiales y no subestimar la fuerza del mar.

Oleaje y malas soluciones: cuando los diques de piedra agravan el problema

Desde la UNA, el experto insiste en que respuestas improvisadas al oleaje, como la colocación de diques de piedra
directamente sobre la playa, suelen empeorar la erosión a mediano plazo. Estos muros rígidos alteran la dinámica
natural de las olas y provocan que la energía del mar se concentre en puntos específicos, acelerando la pérdida de
arena justo al frente de la estructura o trasladando el problema a tramos vecinos. Lo que parece una solución rápida
termina, muchas veces, destruyendo aún más playa.

Este tipo de intervenciones improvisadas suele surgir cuando no hay coordinación adecuada entre gobiernos locales,
comunidades y entidades técnicas. La experiencia acumulada en el Caribe y otras costas del país muestra que enfrentar
la erosión exige planificación basada en evidencia científica, no reacciones al calor de la emergencia. En este sentido,
la investigación académica y la información generada por sistemas formales de monitoreo del oleaje y la línea de costa
son herramientas clave para tomar decisiones más inteligentes.

Monitoreo científico: cómo se estudia la erosión costera en el Caribe

La Universidad Nacional analiza estos procesos a través del Programa de Geomorfología Ambiental, en coordinación con la
Comisión Nacional de Emergencias (CNE), mediante el Sistema Nacional de Monitoreo de Erosión Costera (SINAMEC). Este
sistema recopila datos sobre el comportamiento de las playas, la intensidad del oleaje, la pérdida de arena y el
retroceso de la línea de costa, lo que permite identificar zonas críticas y orientar medidas de mitigación y adaptación.

Los registros institucionales muestran que los eventos de oleaje severo no solo causan pérdidas temporales de arena;
también pueden generar cambios permanentes en la línea de costa. Tras las marejadas del 2020, por ejemplo, algunas
playas lograron recuperarse parcialmente, pero la costa retrocedió, acercando viviendas e infraestructura al mar y
aumentando su exposición. Muchos de estos impactos, señala Barrantes, responden a una planificación deficiente que
permitió construir demasiado cerca del mar sin considerar la dinámica natural del litoral.

Oleaje, cambio climático y malas prácticas: una combinación de alto riesgo

Las investigaciones coinciden en que la erosión costera será cada vez más frecuente debido al aumento del nivel del
mar, la variabilidad climática y el uso inadecuado del suelo en zonas costeras. El oleaje extremo asociado a frentes
fríos, tormentas o huracanes encontrará cada vez más infraestructura en su camino si no se revisan los criterios de
ordenamiento territorial. En la práctica, eso significa repensar permisos de construcción, franjas de protección y
mecanismos de reubicación cuando el riesgo se vuelve inaceptable.

A partir de los datos recopilados, la UNA ofrece asesoría a instituciones y comunidades para diseñar medidas de
mitigación, restauración de playas y adaptación de infraestructura en áreas de alto riesgo. Esto incluye desde
soluciones basadas en la naturaleza, como la recuperación de dunas y vegetación costera, hasta rediseños de obras
públicas que respeten la dinámica del oleaje. Ignorar esta información, o ceder ante presiones cortoplacistas para
construir “a cualquier costo”, solo asegura problemas mayores en el futuro.

Proteger la costa: una inversión en seguridad, turismo y desarrollo

Mientras continúan los eventos de oleaje extremo, Barrantes reitera el llamado a la prudencia: respetar las
recomendaciones oficiales, evitar acercarse a zonas erosionadas y no impulsar intervenciones improvisadas que alteren
la morfodinámica natural de las playas. Proteger la costa no es un lujo ambiental, sino una inversión en seguridad
humana, turismo y desarrollo sostenible para las comunidades del Caribe, que dependen directamente de la salud de sus
playas para vivir.

Quienes deseen profundizar en estos procesos pueden acceder al story map interactivo del SINAMEC, donde se presentan
investigaciones recientes, cartografía tradicional e interactiva y análisis específicos para el Caribe costarricense:
https://arcg.is/1PenHz0. La información científica y el
monitoreo continuo del oleaje y la erosión son herramientas esenciales para que autoridades y comunidades tomen
decisiones informadas y eviten que la próxima marejada encuentre a la costa aún más desprotegida.

Share This Article
Leave a Comment

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *