El Gobierno de Costa Rica formalizó el pasado 3 de marzo de 2026 la candidatura de Rebeca Grynspan Mayufis, exvicepresidenta de la República y destacada economista y diplomática, para ocupar el cargo de Secretaria General de las Naciones Unidas (ONU) en el período 2027-2031. La postulación, oficializada en San José, convierte a Costa Rica en uno de los tres países que hasta ahora han presentado candidaturas formales para suceder al secretario general António Guterres, cuyo mandato concluye ese año. De ser elegida, Grynspan se convertiría en la primera mujer latinoamericana en liderar la ONU, un hecho de dimensión histórica que trasciende las fronteras del país centroamericano y resuena en toda la región.
La diplomacia costarricense rara vez ha apostado tan alto en el escenario multilateral, y la postulación de Grynspan representa la apuesta más ambiciosa del país en décadas en materia de política exterior. La cancillería fue directa al evaluar las probabilidades: «Las cartas están a favor nuestro», declaró el canciller costarricense, según consignó el portal El Mundo CR. Para seguir la cobertura de este y otros temas de relevancia nacional e internacional, visite la sección de noticias nacionales en STAY TV.
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Una trayectoria construida en los escenarios más exigentes del multilateralismo
La candidatura de Rebeca Grynspan no es un salto al vacío. Su perfil acumula décadas de trabajo en las instituciones más relevantes del sistema multilateral internacional, lo que la posiciona como una candidata con credenciales difíciles de igualar entre quienes aspiran al cargo. Grynspan fue vicepresidenta de Costa Rica entre 1994 y 1998, durante la administración de José María Figueres Olsen, y desde entonces su carrera tomó una dimensión progresivamente global.
Ocupó la Subsecretaría General de las Naciones Unidas y Administradora Asociada del PNUD, dirigió la oficina regional para América Latina y el Caribe de ese mismo organismo, ejerció como Secretaria General Iberoamericana (SEGIB) y fue coordinadora del Mecanismo de la CEPAL. Su cargo más reciente y quizás el más relevante como antesala de esta candidatura fue el de Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), posición desde la cual lideró debates globales sobre comercio, deuda, desarrollo sostenible y desigualdad en un contexto marcado por la pandemia y la crisis económica mundial.
El eje de la candidatura: paz, seguridad y una ONU lista para los desafíos del siglo
Según informó el Gobierno costarricense en el acto de oficialización de la candidatura, la postulación de Grynspan se sustenta en dos pilares fundamentales: el fortalecimiento de la paz y la seguridad internacionales, y la necesidad de preparar a la ONU para enfrentar los retos del presente y del futuro inmediato. Ambos ejes resuenan con fuerza en un escenario internacional marcado por conflictos armados activos, la crisis climática, la fragmentación del orden multilateral y el auge de tensiones geopolíticas que desafían las capacidades de respuesta del sistema de Naciones Unidas.
Costa Rica tiene una ventaja simbólica y política difícil de ignorar en ese contexto: es uno de los pocos países del mundo que abolió su ejército de forma constitucional, en 1948, y ha construido durante décadas una identidad internacional basada en la paz, el diálogo y el derecho internacional. Esa historia institucional respalda la candidatura de Grynspan con una coherencia que pocas otras naciones pueden ofrecer, y le da a la diplomacia costarricense un argumento moral que va más allá de los méritos individuales de la candidata.
La primera mujer latinoamericana al frente de la ONU: el peso de lo histórico
Desde su fundación en 1945, la ONU ha tenido nueve secretarios generales, todos hombres. El cargo ha pasado por representantes de Noruega, Suecia, Burma, Egipto, Austria, Perú, Ghana, Corea del Sur y Portugal, pero nunca ha sido ocupado por una mujer ni por un ciudadano de América Central. La candidatura de Rebeca Grynspan rompe simultáneamente ambas barreras, lo que le otorga una dimensión histórica que trasciende la mera competencia por un cargo institucional.
Para América Latina, la posibilidad de tener por primera vez a una representante regional al frente del organismo multilateral más importante del mundo tiene implicaciones políticas y simbólicas de largo alcance. La región, que históricamente ha tenido una influencia limitada en la arquitectura de gobernanza global a pesar de su peso demográfico y su riqueza en recursos naturales, vería en el liderazgo de Grynspan una oportunidad para que su perspectiva y sus prioridades tengan mayor resonancia en la agenda internacional.
Una contienda de tres: el contexto competitivo de la candidatura
Costa Rica no es el único país que ha presentado una candidatura formal. Según confirmó La Nación, actualmente son tres los candidatos que compiten por la Secretaría General de la ONU para el período 2027-2031. El proceso de selección, que involucra al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General de las Naciones Unidas, es notoriamente complejo y susceptible a las dinámicas de poder entre las grandes potencias, en particular los cinco miembros permanentes del Consejo con derecho a veto: Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia.
En ese tablero geopolítico, la candidatura de una figura como Grynspan —técnicamente sólida, políticamente equilibrada y proveniente de un país sin conflictos de poder con ninguna de las grandes potencias— tiene atributos que pueden resultar valiosos a la hora de construir consensos. La cancillería costarricense ya ha iniciado una ronda de diplomacia activa para consolidar apoyos entre los Estados miembros, un trabajo que se intensificará en los próximos meses conforme avance el calendario del proceso de selección.
Costa Rica en el centro del escenario multilateral
Más allá del resultado final, la postulación de Rebeca Grynspan ya ha logrado algo que pocas candidaturas diplomáticas consiguen: colocar a Costa Rica en el centro de la conversación multilateral global en un momento de alta visibilidad para el futuro de las Naciones Unidas. La oportunidad de liderar la ONU desde una perspectiva latinoamericana, femenina y con raíces en una nación fundada sobre el valor de la paz, es un argumento que el Gobierno costarricense tiene la responsabilidad de comunicar con precisión y contundencia en cada foro internacional.
El camino no será sencillo. Las grandes potencias tienen sus propios intereses en la designación del próximo secretario general, y el proceso de negociación puede ser tan largo como impredecible. Pero la diplomacia costarricense ha demostrado históricamente que la fortaleza de sus argumentos puede superar las limitaciones de su tamaño. La candidatura de Grynspan es, en ese sentido, la continuación natural de una tradición que convirtió a un pequeño país centroamericano en una voz respetada en los asuntos del mundo.
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