11-S: América Latina quedó relegada en la agenda de EE. UU. tras los atentados. Expertos analizan las consecuencias a 25 años.

11-S: impacto y consecuencias para América Latina 25 años después
Un cuarto de siglo ha transcurrido desde que cuatro aviones comerciales secuestrados por 19 terroristas de Al Qaeda segaron la vida de casi 3.000 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania. El 11-S no solo transformó a Estados Unidos: reconfiguró las prioridades globales y, en ese proceso, América Latina quedó desplazada a un segundo plano en la agenda de Washington. A 25 años de la tragedia, expertos consultados por CNN coinciden en que el impacto fue profundo, aunque desigual, y que sus consecuencias aún se sienten en ámbitos tan diversos como la seguridad, la migración y la integración regional.

El impacto psicológico: “El coloso del norte se vio vulnerado”
Para Antonio Herrera Vaillant, analista internacional e historiador venezolano, el efecto inmediato fue de conmoción. “Sentir que el coloso del norte se vio vulnerado en su ciudad principal, el punto de referencia de Occidente, ha tenido una tremenda repercusión en América Latina”, señaló. La región, acostumbrada a mirar hacia Washington, reaccionó con solidaridad: los gobiernos de la época expresaron su respaldo a Estados Unidos y se sumaron a la condena internacional contra el terrorismo.
Sin embargo, esa unidad inicial no se tradujo en una cooperación sostenida. La respuesta militar de Estados Unidos —la invasión de Afganistán en octubre de 2001 y de Irak en 2003— desvió recursos, atención y capital político hacia el Medio Oriente, dejando a América Latina en un limbo estratégico. “Obviamente, los recursos de EE. UU., aunque enormes, no son ilimitados, y sus patrones de gasto toman mayor prioridad donde se presume una nueva amenaza”, explicó Herrera Vaillant.
La Carta Democrática: aprobada el mismo día de la tragedia
Una de las coincidencias más significativas de aquel día ocurrió en Lima, Perú. El 11 de septiembre de 2001, la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó la Carta Democrática Interamericana en una sesión extraordinaria de su Asamblea General. El instrumento, que establece mecanismos para defender la democracia en el hemisferio, fue adoptado por los 34 países miembros activos, con Cuba excluida.
Arturo López-Levy, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Holy Names, advierte que la posterior desatención de Washington hacia la región debilitó la implementación de esa Carta. “Al poner el énfasis en otras regiones, termina por debilitarse la agenda de complementación de gobernabilidad democrática, porque pasa a un segundo plano, justo en el momento de la Carta Democrática Interamericana”, sostuvo. La paradoja es evidente: el mismo día en que América Latina daba un paso histórico hacia la defensa colectiva de la democracia, el mundo cambiaba de eje y la región perdía relevancia en la política exterior estadounidense.
Migración: la reforma que nunca llegó
El impacto del 11-S en la política migratoria de Estados Unidos fue devastador para millones de latinoamericanos. A comienzos de 2001, los gobiernos de George W. Bush y Vicente Fox discutían una reforma migratoria integral que incluía la legalización del estatus de mexicanos indocumentados y un programa ampliado de trabajadores temporales. Solo cinco días antes de los atentados, ambos mandatarios habían firmado un acuerdo para iniciar las negociaciones.
Tras el 11-S, esos planes se desmoronaron. El endurecimiento de los controles fronterizos, la aprobación de la Ley Patriota y la creación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) marcaron un cambio de paradigma. “La narrativa sobre la inmigración cambió drásticamente tras los trágicos acontecimientos del 11-S”, escribió Shoba Sivaprasad Wadhia, profesora de la Universidad Estatal de Pensilvania, en el prólogo del libro “El efecto del 11 de septiembre y su legado en las leyes de inmigración de EE.UU.”. López-Levy lo resume con crudeza: “Es una baja de la prioridad de la región y una adulteración de la agenda”.
Colombia: de guerrilla a “narcoterrorista”
El conflicto colombiano fue uno de los ámbitos donde el 11-S tuvo un impacto más tangible. Carlos Medina Gallego, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Colombia, recuerda que en 2001 el gobierno de Andrés Pastrana mantenía un accidentado proceso de paz con las FARC. “A partir de los atentados del 11-S, la percepción de los actores armados en general en América Latina y en Colombia cambió, pasaron de ser grupos armados con una postura política a narcoterroristas”, explicó.
Esa recategorización tuvo consecuencias jurídicas y militares de largo alcance. El Plan Colombia, concebido inicialmente como una estrategia antinarcóticos, adquirió un carácter contrainsurgente y se alineó con la “Guerra contra el Terrorismo” de Washington. “El desarrollo del Plan Colombia, que adquiere connotaciones regionales, es parte de ese proceso de recategorización de las amenazas. El país se va a transformar en un lugar estratégico de la seguridad hemisférica”, afirmó Medina Gallego. Los diálogos de paz con las FARC no se retomarían hasta 2012, casi una década después.
El ALCA y el giro hacia el sur
Otro de los proyectos que naufragó tras el 11-S fue el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsada por Estados Unidos y Canadá. En la IV Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata en noviembre de 2005, la iniciativa fue rechazada por los gobiernos de Venezuela, Argentina, Brasil y Uruguay, que consideraron que no estaban dadas las condiciones para un acuerdo equitativo. El ALCA quedó estancado desde entonces.
Para Eric Rojo, coronel retirado del Ejército de Estados Unidos, el desinterés de Washington por la región es estructural. “Washington siempre ha tenido poco interés en América Latina, siempre ha estado más enfocado en este y oeste, en China, Japón y la OTAN”, dijo. El 11-S no hizo más que profundizar esa tendencia. América Latina, que un día soñó con una integración hemisférica bajo el liderazgo estadounidense, quedó a la deriva, buscando sus propios caminos —muchas veces hacia el sur— mientras el norte miraba hacia Bagdad y Kabul.
Veinticinco años después, el 11-S sigue siendo un recordatorio de cómo una tragedia puede redefinir el orden mundial, y de cómo América Latina, en ese reordenamiento, terminó siendo la gran ausente de la mesa donde se decidían las prioridades globales. La solidaridad de 2001 se transformó en indiferencia, y las consecuencias de ese desplazamiento todavía se sienten en la región.
Con información para STAY TV: STAY TV

