Economía y empleo ante la IA

By Ryan
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 Economía y IA: ex OpenAI prevé AGI para 2028

 

Ex OpenAI prevé AGI para 2028 y llama a Costa Rica a prepararse

La economía digital entró en un nuevo capítulo de debate tras declaraciones de Luis Carlos Santé, presentado en una entrevista realizada en Costa Rica como exdirector de Asuntos Globales en OpenAI, quien aseguró que la inteligencia artificial general (AGI, por sus siglas en inglés) podría llegar en 2028. La afirmación, divulgada por el medio costarricense CRHoy, reaviva una conversación que ya dejó de ser exclusiva de Silicon Valley: qué tan rápido evolucionará la IA, qué sectores sentirán primero el impacto y, sobre todo, cómo se preparan los países pequeños para no quedar a merced de cambios tecnológicos que pueden redefinir productividad, empleo y competitividad.

En su planteamiento, Santé sostiene que la AGI —entendida en términos generales como una IA con capacidad para ejecutar una amplia variedad de tareas intelectuales a nivel comparable al humano— implicaría un salto distinto al de la IA especializada que hoy domina el mercado. En la práctica, eso significa pasar de herramientas que resuelven funciones concretas (redacción asistida, análisis de datos, atención al cliente automatizada, visión computarizada, detección de fraude) hacia sistemas mucho más versátiles, capaces de aprender y adaptarse a contextos nuevos con menor intervención humana. El punto de su advertencia es claro: si el cambio llega en un horizonte tan cercano como 2028, las decisiones de política pública y mercado laboral no pueden seguir al ritmo lento de la burocracia.

Qué es la AGI y por qué el plazo 2028 genera tensión

En lenguaje ciudadano, la AGI se suele describir como una “IA que puede hacer casi cualquier trabajo intelectual”, no solo tareas puntuales. A diferencia de los modelos actuales, que aunque impresionantes siguen siendo herramientas con límites bien definidos y dependientes de datos y supervisión, la AGI se asocia a una etapa donde la automatización podría abarcar funciones complejas: planificación, razonamiento multiárea, toma de decisiones con mayor autonomía y resolución de problemas en ámbitos diversos.

Que una figura con experiencia en el ecosistema de OpenAI proyecte ese salto para 2028 es polémico porque obliga a mover el debate del “algún día” al “casi ya”. Si la predicción se cumple o no, el valor periodístico está en la presión que introduce: gobiernos, empresas y universidades deben diseñar escenarios. En el mundo de la inversión y la competitividad, quien se prepara tarde paga dos veces: primero en pérdida de productividad y luego en desempleo o rezago de habilidades.

La IA no reemplaza a los humanos: cambia la naturaleza del trabajo

Una lectura responsable no es alarmista ni triunfalista. La IA tiende a automatizar tareas, no profesiones completas, al menos en la transición inmediata. Pero esa distinción no consuela a un mercado laboral si la transición ocurre rápido. El impacto se puede ver en áreas como servicios corporativos, soporte técnico, finanzas operativas, mercadeo digital, análisis legal, educación y salud administrativa. La consecuencia típica es la reconfiguración: menos puestos repetitivos, más demanda de supervisión, auditoría, diseño de procesos, seguridad, verificación y roles híbridos donde una persona “dirige” herramientas de IA.

Por eso la advertencia de Santé sobre planificación laboral apunta a un punto real: si un país no invierte en reconversión y habilidades, la brecha entre quienes pueden usar IA y quienes no, se convierte en una desigualdad económica. En una economía como la costarricense —donde el sector servicios y la atracción de inversión extranjera son pilares— la adaptación del talento no es opcional: es el nuevo requisito de competitividad.

Qué debería hacer Costa Rica: regulación ágil, talento y responsabilidad

El mensaje central para Costa Rica no es “temerle” a la AGI, sino prepararse. Hay tres frentes prácticos:

1) Políticas públicas y regulación moderna: si la IA avanza, el país debe actualizar marcos de datos, transparencia, protección de consumidores y criterios de uso en sector público. No se trata de prohibir; se trata de exigir estándares, trazabilidad y rendición de cuentas. Regular tarde deja a la ciudadanía expuesta a abusos, desinformación y decisiones automatizadas sin control.

2) Educación y reconversión laboral: el cuello de botella será el talento. Se necesita formación técnica, bilingüismo, pensamiento crítico y habilidades para trabajar con IA (desde uso productivo hasta verificación y ética). El costo de no hacerlo se mide en empleos que migran a mercados más preparados.

3) Gobernanza y uso responsable: la IA eleva riesgos: sesgos, alucinaciones de modelos, automatización de fraudes y aceleración de campañas de desinformación. Una estrategia país debe incluir alfabetización digital y capacidades de ciberseguridad y verificación.

En este punto, la discusión política debe ser adulta. Costa Rica no se puede permitir que un tema técnico y urgente se convierta en un ring de consignas. Cuando la oposición se dedica a bloquear o a reducirlo todo a ataques, el país pierde tiempo. Y el tiempo, si la predicción de 2028 se aproxima a la realidad, es el recurso más caro.

Lo verificable de la entrevista y lo que debe tratarse con cautela

Esta nota se apoya en información verificable publicada por CRHoy sobre la entrevista realizada en Costa Rica, donde se presenta a Luis Carlos Santé como exdirector de Asuntos Globales en OpenAI y se recoge su estimación de AGI para 2028. También existen registros públicos en redes sociales (publicaciones de instituciones académicas) que lo mencionan como directivo o estratega global asociado a OpenAI en actividades regionales, lo que refuerza que se trata de una figura real en el circuito de charlas y debate sobre IA.

Sin embargo, como corresponde al rigor periodístico, la fecha “2028” debe entenderse como una proyección y no como una certeza. En el propio debate internacional hay desacuerdos sobre cuándo llegará la AGI y cómo se definirá con precisión. Por eso, lo responsable es usar la declaración como insumo para discutir preparación y escenarios, sin venderla como un hecho consumado.

En síntesis, el planteamiento de Santé pone una fecha sobre la mesa y obliga a actuar: si la AGI llega pronto o no, Costa Rica necesita políticas, talento y gobernanza para competir en la economía que ya se está formando. El país puede convertir la ola tecnológica en oportunidades o puede quedar reaccionando tarde; esa diferencia se decide ahora, no en 2028.

Con información para STAY TV: STAY TV

 

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